Confusión
No es que no tuviese ganas de trabajar es que sabía que si cogía
ya el bus iba a llegar muy pronto. Pero antes de coger lo, hice una parada en
el centro comercial Hortaleza, había tanta gente.. Que me resultaba difícil de
llegar al Burger King para pedir la comida. Todo estaba cambiado, las tiendas y
los bares eran el doble de grandes que la última vez. Después de pagar
cogí la bandeja y salí fuera, me encontré con
muchos árboles pegados y bajo ellos había asientos y pequeñas mesas
alrededor. Al terminar me levante y fui andando hasta la parada, tenía un largo
recorrido. Cuando termine de cruzar el parque me encontré en otro sitio,
vi una pancarta en el suelo tirada que ponía ¡viva Bilbao! es como si
hubiese cruzado un portal. Empecé a preguntar a varias personas por si
conocían algunos amigos, pero nadie respondía, hasta que encontré a Sara.
— Sara ¿has visto a Estefanía?
- soy una amiga suya. Necesito encontrarla
— Baja esta calle y a mano derecha
encontraras una plaza grande, esta debajo del
olivo. — Contestó sin pestañear mientras se refugiaba en
unos portales.
Después de llegar al olivo la vi, cuanto más empezaba a acercarme
más calor hacia.
— Estefanía soy yo Esther la de Madrid, te tengo que
contar lo que me acaba de pasar. Y también quería decirte que como
vuelvo de aquí al pueblo, estoy bastante perdida, no sé en
qué parte de Bilbao estamos. — La dije mientras me quitaba la
chaqueta y la ataba alrededor de la cadera.
Cuando quise decirla algo más ya no estaba. No había nadie a
mí al rededor. Pero de lejos veía a un chico vestido de negro y detrás del
había cucarachas. Odio los insectos así que empecé a correr hasta
llegar a una gran plaza, lo único que había era una iglesia enorme con su
campana, mi única salvación era trepar por la cuerda que caída desde la
iglesia.
— ¿Tiene que ser una broma, no? — Dije
en alto. Hubiera preferido otra cosa menos asquerosa.
— Soy acrofobia no puedo, me supera, me dije a mi
misma. Haber intenta escalar y piensa que es una meta. Intenta
relajarte. — Volví a decirlo en alto mientras daba unos pasos
hacia atrás
Corrí todo lo que pude y salte hacia la cuerda, no la
alcance, seguí saltando hasta llegar a ella, y empecé a subir, sin
mirar abajo. Cuando llegue a cogerla no sé cómo pero empecé a escalar
y me iba impulsando poniendo los pies en la iglesia.
— Uf que vértigo.
Cada salto que iba dando veía más la campana. Di un último
empujón más, pero mis manos se iban quedando sin fuerza, me dolía una
barbaridad. Me resbale y como no pude agarrarme a nada me solté de la
cuerda y caí...
De fondo se oía un ruido, “pi pi pi”
Comentarios
Publicar un comentario