Quédate conmigo aunque
sólo sea un instante.
No
me importa que te quedes detrás de mi
y
me susurres cualquier cosa al oído,
sólo
necesito escuchar tu voz.
Cómo
si sólo quieres quedarte a un lado,
y
así cuando estire el dedo meñique pueda tocarte.
Como
si quieres cerrar los ojos y quedarte quieto.
En
cualquier lugar, pero déjame estar ahí, contigo.
Déjame
sentirte cerca.
Déjame poder
tocarte aunque sólo sea para saber que existes.
Déjame..
Quédate
conmigo aunque sea en la misma ciudad.
Para
que cuando pase por aquellas calles
que
tanto has dejado huella, tu olor se quede impregnada en mi piel.
Y
así pueda recordarte que un día te toque.
Quédate
aunque sólo sea de pasada.
No quiero
que te vayas.
Una
parte de mi corazón quiere que lo hagas,
aunque
por otra parte quiere que te quedes para saber que tipo de
exploraciones hace dicho órgano
que
se encuentra en mitad de mi pecho, y que cada vez que te veo me
ruborizo,
mis
piernas delgadas empiezan a temblar
y
no sé si avanzar o quedarme en el mismo sitio en el que me
encuentro.
Tu
voz es como una suave ola de playa que quiere desordenar todo pero no
quiere romper nada.
Tu voz,
aquella que he llegado a escuchar miles de veces
pero
que para mi y mis oídos es como una nana que cura todo tipo de
heridas.
El
hecho de que tú existes, y que sólo verte una vez al mes o los
domingos
bajo
la luz tenue de las nubes puedo asegurarme a mi misma
que
esto que siento es real y no sólo un engaño tonto de mi
imaginación.
Déjame
quedarme.
Déjame
entrar.
Y
si no, seguiré esperando en la sombra hasta que decidas dejarme
pasar.

Comentarios
Publicar un comentario