Paz interior
Me encuentro en mi playa preferida, sentada en una silla de madera con respaldo de tela.
Mientras miro al frente, cierro los ojos y los pies se van hundiendo entre la amarillenta arena, la noto más caliente.
A medida que voy introduciendo los pies, cansados, más la noto, está vez, está fría.
Paro.
Abro los ojos y el paisaje sigue siendo el mismo, todo esta tan tranquilo.
Me levanto y empiezo andar por aquel camino montañoso. Es un camino largo para llegar a donde quiero.
Noto como mis pies se hunden en la orilla, y aquella marea sube y baja en mis pies desnudos, sigo hacia adelante y en cuanto meto el pie, me recorre un frío intenso por todo el cuerpo, tanto, que me lo recorre entero, se para en mi pecho y la piel se me eriza.
Antes de seguir avanzando, por última vez, cierro los ojos.
Respiro hondo. Abro los labios y expulso el aire contenido en mi interior.
El pelo se alborota y se envuelve en mi rostro. Me quedo quieta, pero la brisa del sol y el aire que se mezcla me da un leve empujón.
Abro los ojos, estoy decidida.
Sigo quedándome quieta, mirando el horizonte.
Quiero unirme a el, y sentirme en paz.
Quiero sentirme libre y navegar.
Esta vez es el pie izquierdo el que da la orden de avanzar, me mezclo entre las olas.
Antes de que el agua llegue a mi cabeza, echo un último vistazo a la playa, soy la última alma que esta ahí, sabiendo que camino escoger, para sentirse en paz consigo misma y tranquila.
No se ve, ni se oye a nadie de lejos. Sólo estoy yo y el mar.
Cuando por fin respiro hondo, me dejo caer y dejo que me envuelvan las olas.
Me dejo llevar a un lugar mejor.
A tener paz interior
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